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Justicia y derecho

29 marzo, 2010 Deja un comentario

Justo no es el desaucio de una familia por no haber pagado un par de cuotas de su hipoteca, aunque la ley lo ampare.

Justo no es el desamparo del hombre ante la mujer, aunque la ley lo ampare.

Justo no es que no puedas rotular tu comercio con la lengua oficial del Estado, aunque la ley lo ampare.

Así y muchas situaciones que demuestran que efectivamente, que a pesar de la confusión (¿voluntaria?) de los medios de comunicación, Justicia y Ley en muchas ocasiones no convergen al instante, sino que siempre hace bastante tiempo. Si la justicia emana de la razón, las leyes surgen de intereses, las mismas leyes con las cuales se sostienen regímenes dictatoriales.

Si los  romanos ya lo enunciaron con el  “Dura lex, sed lex”, es decir, la legislación siempre ha de observarse aunque nos perjudique, entrando aquí lo que se llama “Ley Natural“:  casi todos los pueblos en la historia universal han tenido un código moral común … ¿pero si existe porque se abolió la esclavitud? ¿nos podríamos negar a pagar impuestos a un Gobierno corrupto?

Finalmente, como dijo cierto filósofo, si cumplimos la ley mínimamente se garantizará la pervivencia de la Justicia.

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La dictadura de las democracias

28 marzo, 2010 Deja un comentario

Julio del año 2009. De pronto, el aire seco del norte se hace cada vez más violento, levantando grandes nubes de polvo. Es la señal. Miles, centenares, miles de rumiantes son empujados por la irresistible “llamada del agua”. Bajo el mando de una fuerza invisible, ñus, gacelas, cebras y otras especies cruzan el río Mara bajo la atenta mirada de carnívoros y carroñeros.

Desde que la filogenia dota de “inteligencia” a los seres vivos, unos pocos dirigen la vida de poblaciones enteras. Atunes que guían poblaciones enteras en el estrecho de Gibraltar ó sociedades de lobos divididas en estratos sociales son algunos de los ejemplos que nos brinda la biología.

Poblaciones humanas regidas por la batuta de un “elegido” existen desde la noche de los tiempos, pero es desde la época de las ciudades-estado en la Atenas de Pericles cuando se puede hablar de sistema democrático. De todos es sabida la etimología de esta palabra (Demos-pueblo, Kratos -poder) pero si nos adentramos en el griego antiguo dicha palabra nos brindará una sorpresa, puesto que Demos constituyó para aquella época un verdadero neologismo (como podría ser MP3 o BLU-RAY hoy en día) siendo Demos la conjunción de los términos relacionados con clases dominantes, excluyendo a mujeres, extranjeros y esclavos. A pesar de que no era una democracia universal la cantidad de personas que se involucraba era enorme.

Aún así, este sistema de gobierno se ha erigido en el paso del tiempo como la democracia más potente y estable, donde los ciudadanos no elegían a representantes sino que se desarrollaba la legislación a nivel personal, además el poder económico se diluía en el sistema. La mayor parte de los cargos se elegía en sorteo, posibilitando que todos los ciudadanos, como dijo Aristóteles, “gobernar y ser gobernados” pudieran acceder al gobierno. Estos atenienses constituyeron grupos de trabajo en los que siempre existe alguien que conozca la manera correcta de hacer las cosas, y los que no lo sepan puede aprender de los que sí lo hagan. Asimismo, todos los responsables pasaban periódicamente por una asamblea que vigilaba su actividad en beneficio de la comunidad.

Este sistema democrático (llamado también denominado “democracia directa”) pervivió hasta el fin de la república romana. Pero ya desde Atenas surge la cuestión de que solo una minoría gobierna, un 10% aproximadamente en aquella época ¿qué ocurre con el resto de la población?

Con la llamada democracia representativa se gobernará, con mayor o menor éxito, durante más o menos tiempo, pero existirán grupos para los cuales no se tendrá en cuenta para ningún tipo de legislación. Los gobiernos intentan suplir estas deficiencias con presupuestos insuficientes, como ha sido la estéril Ley de Dependencia. De esa forma, poco a poco, los gobiernos se convierten en mecanismos invisibles, convirtiéndose debido a la supuesta ignorancia de los ciudadanos en aristocracias (gobierno de unos pocos).

Un ejemplo de “la tiranía de la mayoría” ocurrió en la criminalización de la homosexualidad en la Gran Bretaña de los siglos XIX y primera mitad del siglo XX, pero hay que poner el énfasis en que la “tiranía de la mayoría” es una mejora sobre la “tiranía de una minoría”. Sería necesario el estudio de mecanismos que incluyan los grupos marginales como puede ser la democracia deliberativa y social, principales envites contra la filosofía fordista y keinesiana.

Para terminar, una reflexión de 1984, novela del inglés George Orwell: “Si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos.”

Alberto Medina

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